Un pensamiento a mis hermanos inmigrantes

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Él se llama Juan (el nombre ha sido cambiado por confidencialidad), llegó esa mañana con ciertas expectativas, aunque se veía temeroso y desconfiado. Estábamos en una clínica legal de inmigración. A penas nos pusimos hablar y luego de un café, me contó la difícil experiencia que estaba viviendo. El con su niña pequeña aquí en USA compartiendo un apartamento con un pariente. Por otro lado, su esposa y su recién nacido bebé habían ido a su país de origen, pero ahora no podían regresar por leyes migratorias. Habían sido sorprendidos en la frontera y devueltos atrás. Ellos como familia llevaban en USA más de 10 años. Sus hijos eran nacidos aquí, todos sus sueños como familia apuntaban a este país. Pero ahora, de repente, se habían derrumbado esas ilusiones.

Las mismas ilusiones que cada uno de nosotros como inmigrantes traíamos en nuestros equipajes mientras atravesábamos la frontera al país donde “los deseos se hacen realidad” y donde impera un concepto demasiado atrayente: ‘el sueño americano’.

Al igual que Juan, como inmigrantes, luchamos para obtener un estatus legal. Vamos a donde tengamos que ir; nos sentamos en el buró de cualquiera que nos de alguna esperanza; hasta gastamos el dinero que tenemos y hasta el que no tenemos. Y todo esto lo hacemos para lograr ser aceptados por una nación que tiene para ofrecernos tan sólo algunas cosas temporales.

Quisiera invitar a mi comunidad hispana inmigrante hacer una pausa. Quisiera con todo mi corazón que puedan detenerse por un momento y alzar la mirada. Quiero dejar en sus mentes un pensamiento:

Aun cuando esta nación no les abra las puertas, existe otra puerta que aún está abierta para ustedes, la puerta del reino de Dios.

  • Lo que los Estados Unidos se niega a ofrecernos, es temporal; lo que Dios ya ha ofrecido, es eterno.
  • Los EEUU los rechaza; Dios los llama.
  • Los EEUU les cierra las puertas; las de Dios aún están abiertas. (aunque no sabemos hasta cuándo).
  • Los EEUU les persigue para expulsarles; Dios también les persigue, pero lo hace para adoptarles.

Es triste como estamos dispuesto a llegar al punto de humillarnos por quien nos rechaza e ignoramos a quien se humilló para adoptarnos.

A mis hermanos inmigrantes, sigamos perseverando por alcanzar ese anhelado y necesario estatus legal. Échenle ganas, no pierdan las fuerzas y mucho menos las esperanzas. Si lo logras, estarás “garantizando” para ti y tu familia la estabilidad por los próximos años, …aunque… ¿y luego qué? Digo, cuando mueras…

“De qué le vale al hombre ganar el mundo y perder su alma” –Jesús-

 Mientras peleas tus batallas, detente y reflexiona en tu vida con Dios. Esa será indudablemente la mejor batalla que podrás pelear: tu reconciliación con Dios, tu legalidad en Dios. Sabio sería perseguir con mayor pasión la salvación de los pecados que ahora mismo te condenan delante de la justicia, no de una corte de la tierra, sino de la corte del cielo.

Nuestro pecado, es decir, nuestro propio camino ignorando a Dios, nos separa de un Dios que no sólo nos creó a Su imagen, sino que cuando escogimos perseguir nuestros propios sueños y estropear así Su imagen en nosotros, Él no quedó inmóvil. Él se humilló y se hizo humano. El Hijo de Dios vino y lo hizo para que el Creador cargara sobre él tú pecado y el mío. Y cuando fue aplastado en la cruz, él estaba muriendo para pagar nuestra condena, quitar de sobre nosotros y poner sobre sí mismo la ira justa del Dios que nos creó para que anduviéramos en Sus caminos, pero al cual hemos ignorado.

¡Esta es buena noticia! Mientras otros te rechazan, Jesús te amó.

En esto se muestra el amor de Dios para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.

Cristo lo hizo por ti y por mí. Por eso Cristo y sólo Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida; nadie va al Padre si no es por medio de Cristo.

Te quiero animar hacer una pausa, por un momento levanta tu mirada del sueño que persigues, mira a la cruz y ve allí al que te ofrece lo que jamás por ti mismo podrás pagar a Dios: la justificación de todos tus pecados pasados, presentes y futuros. Ellos te condenan, Jesús te perdona. Todo lo bueno y noble que puedas hacer nunca será suficiente para satisfacer la justicia de Dios; por vivir a tu manera siempre serás enemigo de Dios, ¡necesita alguien calificado que te salve! ¡Necesitas alguien que te justifique! ¡Necesitas a Cristo!

Pelea, batalla, busca, averigua todo lo que puedas para hallar el camino de una posible legalidad migratoria. Para muchos esa es nuestra batalla en la tierra. Pero más importante que eso, busca hacer la paz con Dios por medio de Jesucristo.

Honestamente no sé si mi amigo Juan podrá reunificarse con su familia en este lado de la frontera, no sé si algún día la necesaria y soñada legalidad se nos acercará, pero lo que sí sé es las extraordinarias palabras de Jesús cuando exclamó:

“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepiéntanse y crean en el evangelio.”

Te invito, conéctate con una iglesia cristiana donde se enseñe la Biblia, allí te ayudarán a conocer el evangelio. Si le buscas con toda tu alma, Dios te concederá que experimentes el necesario arrepentimiento de todos tus pecados y el creer con todo tu corazón en el evangelio.

Allí hallarás la ciudadanía, la que ciertamente necesitas y vale, la ciudadanía del reino de Dios. Una vez Dios te conceda lo eterno, te sorprenderás del poder que recibirás para vivir en lo temporal.

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